Caminando y pensando

Si tu actividad profesional es el Internet, probablemente pases una buena parte del día frente al ordenador. Es probable también que no muevas mucho la anatomía, salvo los dedos de las manos y, con movimientos minúsculos, el brazo que dirige al ratón. Por razones obvias, soy un profesional del Marketing por Internet que utiliza un ordenador a la antigua, con un teclado de medio metro de largo y una cuarta de ancho. Tengo la pantalla más grande que he podido acomodar en el escritorio y, después de unas horas, las letras bailan al son de músicas que oigo aún sin tener dispositivo alguno encendido.

Otra forma de navegar me es imposible de concebir. Una laptop es útil para ir al café y mostrar algo de mi trabajo, pero mis dedos oprimen al mismo tiempo la “J” y la “K” y nunca sé donde está el acento o la eñe. Por razones obscuras, tampoco encuentro la tecla “suprimir” con facilidad.

Sé que algunos de mis amigos, por ejemplo, twittean desde un Iphone y estoy seguro que alguno de mis colegas lo hacen desde un smartphone. Yo no soy capaz de contestar los SMS de una página (es un decir) que me envían mis hijas. Después de ajustar las gafas, soy capaz de responder “OK” y no por dejar de usar el castellano, que si pudiera lo haría… pero los teclados de los celulares no se han hecho para uno que lleva años escribiendo en el “Qwerty”.

También estoy consciente de que, cuando el destino me alcance, habré de escribir mis posts desde un parque o tal vez le pueda dictar a un artefacto que guarda 7 millones de canciones y todos los teléfonos de Querétaro, por si alguna vez quisiera hablar con uno de ellos. El artefacto servirá para entrar directo a Facebook y para ver twittazos tipo “aquí, tomando un cafecito”.

Pero creo que la máquina escribirá con faltas de ortografía, o que por lo menos no sabrá escribir “Chapultepec” o “pambazo” hasta que vaya aprendiendo, y, francamente, me atemoriza que escriba y publique directamente lo que yo hable.

Así que mientras eso sucede, seguiré escribiendo en la máquina más cercana a la imprenta de Gutemberg que al último modelo de PDA. Y para medio compensar el tiempo de inmovilidad de momia, seguiré caminando una hora por las mañanas.

Sí, todo Internet Marketer debería caminar por 30 minutos diarios, por lo menos. Los que puedan hacerlo, deberían trotar. Ese rato de esfuerzo físico no tiene desperdicio. Se puede aprovechar, desde luego, para conectar un par de audífonos y escuchar audio libros, pero no lo recomiendo. Es mucho mejor oir a José Alfredo Jiménez o a Lola Beltrán cantando “cucurrucucú, paloma”, mientras se lleva el ritmo con zancadas.

Las mejores ideas me han surgido caminando. El tiempo frente al ordenador es de trabajador manual, de tareas repetitivas o mantenimiento programado. Caminar es imaginar, visualizar, buscar la inspiración.

Una buena castigada al cuerpo estimula y nos recuerda lo poco que somos y lo vulnerables que podemos ser. Nos enseña a no claudicar cuando podríamos estar, ¿por qué no? en la hamaca, sorbiendo jugos de colores y sintiendo el sol sobre la cara.

Después de una hora de golpear el suelo con la humanidad, anhelamos regresar a la paz del trabajo, contactar con alguien del otro lado del mundo y poner en marcha el plan que surgió mientras cantaba Lola Beltrán.

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