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Una Historia del Restaurante, Parte 1

Los restaurantes son una institución en casi todos los países y culturas del mundo. El restaurante, que surgió durante la Revolución Francesa, sigue sirviendo como un lugar donde la gente se reúne para comer, beber y socializar. Pero incluso antes de que María Antonieta y Luis XVI fueran enviados a la guillotina, los restaurantes han existido de una forma u otra durante miles de años.

Restaurantes en la antigüedad

La idea de vender alimentos con fines de lucro existió durante las primeras civilizaciones. No es coincidencia que el crecimiento de los restaurantes a través de la historia se correlaciona con el crecimiento de las ciudades. La necesidad de contar con restaurantes públicos ya estaba firmemente establecida en el Imperio Romano y en la antigua China. Cuando los campesinos y agricultores llevaban su ganado y otros bienes a los mercados urbanos, a menudo viajaban durante varios días a la vez y necesitaban un lugar para comer y descansar. Esto dio lugar a la primera forma de restaurantes, la posada al borde de la carretera.

Usualmente ubicadas en el medio del campo, las posadas servían comidas en una mesa común para los viajeros. No había menús ni opciones para elegir. Cada noche era la elección del chef.

Dentro de las murallas de la ciudad, donde las condiciones de vida eran estrechas y muchas personas no tenían los medios para cocinar sus propias comidas, los vendedores vendían alimentos en carros pequeños o en cocinas callejeras, lo que sigue siendo popular en muchas partes del mundo. Las comidas que vendían solían ser precocinadas y asequibles, un precursor de la comida rápida moderna. Estas primeras posadas y tabernas eran más que un simple lugar para comer; servían para una importante función social al unir a la gente.

Restaurantes en la Edad Media

En Europa, durante la Edad Media y hasta el Renacimiento, las tabernas y posadas siguieron siendo el lugar principal para comprar una comida preparada. En España, estos establecimientos se llamaban bodegas, que servían pequeños y sabrosos platos españoles llamados “tapas”. En Inglaterra, la comida como la salchicha y el pastel de carne eran populares, mientras que en Francia se ofrecían guisos y sopas. Todos estos primeros restaurantes servían comida sencilla que se encuentra comúnmente en los hogares de los campesinos o comerciantes.

Tras el viaje de Colón a las Américas en 1492, el comercio mundial aumentó, introduciendo nuevos alimentos en Europa. El café, el té y el chocolate pronto se servían en los bares junto con la cerveza, la cerveza y el vino. En el siglo XVII, mientras que las comidas completas todavía se consumían típicamente en casa, las personas moderadamente acomodadas contrataban a un servicio de catering o tomaban sus comidas en un salón privado, en lugar de hacerlo en el comedor principal de un establecimiento público.

La Revolución Francesa y el auge de la buena mesa

En Francia, a lo largo de la Edad Media, los gremios tenían monopolios en muchos aspectos de la comida preparada. Por ejemplo, los charcuteros eran el gremio que preparaba las carnes cocidas para la venta. Si usted no pertenecía a ese gremio en particular, era ilegal vender carne cocida en cualquier forma. En 1765, un hombre llamado Boulanger añadió cordero cocido a un guiso que vendió en su tienda cerca del Louvre. El gremio del catering lo demandó, pero Boulanger ganó el caso. Durante los siguientes 20 años previos a la Revolución Francesa, más tiendas como Boulanger’s comenzaron a abrir en París.

Cuando María Antonieta y Luis XVI fueron a la guillotina, las viejas costumbres de la sociedad francesa los acompañaron. Los gremios fueron barridos y muchos chefs empleados en hogares aristocráticos, incluso reales, se encontraron sin trabajo. Muchos de estos trabajadores desplazados abrieron sus propios restaurantes en París, trayendo consigo una nueva forma de comer. Los delicados manteles de porcelana, cubiertos y manteles de lino, todos ellos símbolos de la aristocracia, estaban ahora a disposición de una nueva generación de ciudadanos franceses. Los menús se diversificaron, ofreciendo opciones de precio fijo y a la carta.

Aunque los bares continuaron existiendo, el auge de la buena mesa en Francia pronto se extendería por toda Europa y el Nuevo Mundo.

Las reuniones públicas sobre comida y bebida han formado parte de la sociedad humana desde hace mucho tiempo, ya que ofrecen un lugar para que la gente se reúna para comer y socializar con los demás. Tras la Revolución Francesa, los restaurantes de alta cocina se expandieron por toda Europa y otras partes del mundo. En los Estados Unidos, la industria de la restauración se convertiría en uno de los principales empleadores durante el siglo XX, como se explica en A History of Restaurants, Parte 2.

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